
La peregrinación jacobea desde Portugal se intensifica a partir de la independencia de este país a mediados del siglo XII, aunque presumiblemente ya existía en la época altomedieval. Desde ese momento el culto jacobeo y la peregrinación a Compostela considerada como una de las señas de identidad de la cultura europea, tuvieron en tierras lusitanas una proyección muy importante.
Durante siglos el pueblo portugués contribuyó a esta experiencia colectiva con altos niveles de participación, siempre apoyado con singular fortuna con el ejemplo de reyes, nobles y altos clérigos. Basta con recordar que la mayor parte de la red viaria de Portugal fue testigo, desde el siglo XII hasta nuestros días, del caminar de los peregrinos desde diversos núcleos de población portugueses hasta la meta compostelana. Las motivaciones para esa peregrinación eran religiosas. Pero gracias a este denso y secular flujo de personas que poblaron los caminos de Santiago, también se establecieron entre Portugal y Galicia fecundos canales de intercambio cultural, económico y de pensamiento.
El Camino Portugués en Galicia, en su suave discurrir hacia el norte, hace uso de caminos antiguos que cruzan bosques, tierras de labor, aldeas, villas y ciudades históricas. Senderos que salvan canales de agua a través de puentes de traza medieval. Caminos enriquecidos por la presencia de capillas, iglesias, conventos, petos de ánimas y cruceros, en los que no falta la confortadora imagen de Santiago Peregrino, acompañando al romero.
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